Salud sexual
Suelo pélvico y sexo: el músculo que casi nadie entrena (y debería)
El suelo pélvico sostiene buena parte de la vida sexual: de la intensidad del orgasmo al control y a la ausencia de dolor. Ni demasiado débil ni demasiado tenso: en su punto justo.
El suelo pélvico es una hamaca de músculos que cierra la pelvis por abajo, y lo tenemos todos. Participa en las contracciones del orgasmo, en el control de la orina y en sostener los órganos. Pese a su papel en el sexo, casi nadie lo entrena —ni sabe que puede—.
Ni flojo ni en tensión
El equilibrio es lo que importa. Un suelo pélvico débil (hipotónico) —frecuente tras el parto o con la edad— resta sensación, puede provocar pérdidas de orina y resta intensidad al orgasmo. Pero uno demasiado tenso (hipertónico) es igual de problemático: causa dolor en la penetración, se asocia al vaginismo y, en los hombres, a molestias al eyacular. Ahí el trabajo no es fortalecer, sino aprender a relajar.
Kegel bien hechos
Los ejercicios de Kegel consisten en contraer y relajar esa musculatura. El error típico es no localizar el músculo correcto: sirve identificar una vez la sensación de cortar el pis a mitad —solo para localizarlo, nunca como rutina— y luego contraer, mantener unos segundos y soltar, sin aguantar la respiración ni apretar glúteos. Bien hechos, mejoran el control y la intensidad del orgasmo. Pero si el problema es de exceso de tensión, los Kegel lo empeoran.
Cuándo ver a un fisio
El suelo pélvico tiene su propia especialidad. Si hay dolor en el sexo, pérdidas de orina, sensación de «no notar» tras el parto, o lo contrario —tensión y dolor—, la fisioterapia de suelo pélvico es muy eficaz y suele trabajar con biofeedback. No es cosa solo de mujeres: en hombres ayuda con el control eyaculatorio y la recuperación tras cirugía de próstata.
Si te interesa la parte del dolor, lee vaginismo y dolor en las relaciones, y para el postparto, sexo después de tener hijos. Si quieres preguntar, el chat está disponible.
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