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Cuando la asexualidad se combina con una relación de dos décadas

Leticia Rey habla sin tapujos de su orientación asexual y de cómo ha construido una vida en pareja que no depende del sexo.

Por · Relaciones y vida en pareja · 12 de octubre de 2026

En una terraza del centro de A Coruña, Leticia Rey, conocida por su paso por la televisión, se acomodó en una silla de madera mientras el sonido del mar se colaba entre las ventanillas. La conversación con la periodista comenzó cuando, sin preámbulo, soltó: «No siento atracción sexual por nadie». La frase cayó como una piedra en el vaso de la charla, y a partir de ahí surgió una reflexión sobre cómo una pareja puede prosperar sin el ingrediente que la cultura suele dar por sentado.

Una vida compartida sin deseo sexual

Leticia cuenta que lleva veinte años casada con su marido, un arquitecto que, según ella, siempre supo escuchar más allá de los guiones de los programas de TV. «Nos entendimos desde el principio», dice, y añade que la comunicación se volvió la pieza central de su relación. En vez de noches de pasión, la rutina se ha construido alrededor de paseos, cenas improvisadas y, sobre todo, de una confianza que no necesita del impulso sexual para mantenerse.

Cómo se negocia la intimidad cuando el sexo no está presente

Para la pareja, el concepto de intimidad se redefinió. No se trata de ausencia, sino de presencia en otras formas: el roce de una mano al pasar la sal, el intercambio de miradas en el cine, la complicidad al elegir la película del viernes. Leticia menciona que la clave está en reconocer que la necesidad de contacto físico no se reduce a lo erótico; a veces, el abrazo es simplemente un gesto de apoyo.

  • Hablar abiertamente de lo que cada uno necesita.
  • Establecer límites claros sin que se sientan como imposiciones.
  • Buscar actividades que refuercen el vínculo emocional.

En su caso, la pareja ha creado rituales que sustituyen a los momentos que, para otras parejas, serían "hora del sexo". Una de esas costumbres es la cena de los domingos, donde se revisan los planes de la semana y se comparten anécdotas del trabajo. Otro es el "día sin pantallas", una tarde dedicada a juegos de mesa o a leer en voz alta.

El matiz incómodo: cuando la asexualidad se topa con expectativas externas

El relato de Leticia no está exento de tensiones. A menudo, la gente asume que la falta de deseo sexual implica una carencia, o que la pareja está "incompleta". En conversaciones con amigos, ha escuchado comentarios como "¿no les falta algo?" o "deberían ir a terapia". Estas preguntas, aunque bien intencionadas, pueden generar una presión innecesaria. Leticia reconoce que, en los primeros años, hubo momentos de duda, sobre todo cuando la familia le preguntaba por "el motivo" de su felicidad sin sexo.

Lo que la ha ayudado a sobrellevar esos silencios ha sido la decisión de no esconder su orientación. Al compartir su experiencia en foros y en la sección de Comunicación y consentimiento, ha encontrado otras personas que se identifican con la asexualidad y ha descubierto que el estigma disminuye cuando se habla de él abiertamente.

Por otro lado, la pareja ha tenido que aprender a negociar la intimidad física con la pareja de Leticia. En ocasiones, el marido ha sentido la necesidad de un mayor contacto corporal, y la respuesta ha sido una conversación honesta donde ambos expresaron sus límites y buscaron alternativas, como masajes o caricias sin connotación sexual. Esa flexibilidad ha sido clave para evitar resentimientos.

La historia de Leticia Rey muestra que la sexualidad es un espectro amplio y que las relaciones pueden prosperar bajo reglas distintas a las que la mayoría asume. No se trata de una fórmula universal, pero sí de un ejemplo de cómo la honestidad, la comunicación y la disposición a crear nuevos rituales pueden sostener una unión a largo plazo.

Si te interesa explorar más sobre cómo la comunicación puede transformar una relación, te recomendamos leer nuestro artículo sobre cómo iniciar conversaciones honestas en la pareja. La experiencia de Leticia nos recuerda que el deseo, sea cual sea su forma, no es el único motor de una vida en común.

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