Sexualidad

Menstruación y sexo: lo que dice la sexología frente al tabú que persiste

Sigue habiendo pudor con el sexo durante la regla, más social que real. La sexología lleva tiempo desmontando mitos: deseo que a veces sube, cuerpos que responden y mucho por hablar en pareja.

Por · Sexualidad y salud sexual · 24 de junio de 2026

Una pareja se acuesta, hay ganas, y de pronto uno de los dos frena con un "mejor otro día". El motivo no se dice del todo, pero los dos lo entienden: ella tiene la regla. Esa escena, repetida en infinidad de dormitorios, no responde a que el cuerpo pida parar. Responde a algo aprendido, a una incomodidad que viene de fuera y que muchas personas arrastran sin haberla cuestionado nunca.

El tabú del sexo durante la menstruación es viejo y resistente. Durante siglos la regla cargó con la idea de impureza, de algo que había que esconder y mantener apartado. Esa herencia no desapareció: se transformó en pudor, en chistes incómodos, en la sensación de que es un tema que mancha la conversación tanto como se teme que manche las sábanas. Y sigue pesando, aunque casi nadie lo defienda en voz alta.

Lo que la sexología viene insistiendo

Desde la sexología se repite una idea sencilla: no hay ninguna razón de salud para evitar el sexo durante la regla si a la persona le apetece. El cuerpo no se rompe ni se ensucia. Lo que hay es una experiencia que cambia de unas personas a otras y que conviene mirar sin prejuicios.

Hay además un matiz que sorprende a quien no lo ha vivido o no se ha fijado: para bastantes mujeres el deseo no baja en esos días, sino que sube. Las molestias existen y no se niegan, pero el cuerpo durante el ciclo no se mueve en una sola dirección. Algunos puntos que la sexología suele poner sobre la mesa:

  • El deseo puede aumentar en torno a la regla para muchas personas, aunque no sea una regla universal.
  • La sangre aporta lubricación extra, que a algunas parejas les resulta cómoda.
  • El orgasmo puede aliviar el malestar pélvico en ciertos casos, por la propia respuesta del cuerpo.
  • Vivirlo con culpa o asco suele tener más que ver con lo aprendido que con lo físico.

Nada de esto convierte el sexo con la regla en una obligación ni en una moda que haya que seguir. La clave es la misma de siempre: el deseo y las ganas de cada quien, ese día concreto. Hay quien lo disfruta, quien prefiere otras prácticas y quien sencillamente pasa. Las tres respuestas son válidas, y ninguna necesita justificarse.

Hablarlo cambia el dormitorio

El verdadero nudo no suele estar en la sangre, sino en el silencio. Muchas parejas nunca han puesto el tema sobre la mesa: dan por hecho la incomodidad del otro y deciden por él. A veces ella supone que a él le da reparo; a veces es al revés. Y en ese malentendido se renuncia a algo que quizá los dos querían, solo por no nombrarlo.

Por eso conviene tratarlo con la misma naturalidad que cualquier otra preferencia sexual. Decir qué apetece y qué no, qué incomoda y qué no, sin dramatismo. Cuidar la comunicación y el consentimiento aquí significa también poder decir "hoy no" sin sentirse rara, y poder decir "hoy sí" sin tener que explicar nada.

El matiz incómodo es que romper un tabú no se hace por decreto. Una persona puede saber perfectamente que no hay nada malo en ello y aun así sentir reparo cuando llega el momento. El asco aprendido no se borra leyendo un artículo. Se afloja despacio, con confianza, hablándolo, sin forzarse y sin forzar a nadie.

Quizá ese sea el punto: no se trata de convencer a nadie de que tenga sexo con la regla, sino de quitar de en medio la vergüenza que decide por la gente antes de que la gente decida. Lo demás, como en todo lo erótico, lo escribe cada pareja a su manera. Si te interesa seguir tirando del hilo de estos temas sin tabúes, en cultura erótica hay más sobre cuerpo, deseo y los silencios que conviene romper.

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