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Parejas que se quieren y no comparten casa: el modelo LAT ya no es raro

En España crece el número de parejas que eligen vivir en domicilios distintos sin que eso signifique distancia emocional.

Por la redacción de SexoFácil · 22 de junio de 2026

Alrededor del 9-10% de los adultos en pareja en países nórdicos vive en casas separadas, según los estudios LAT (Living Apart Together) de Levin y Trost. El dato lleva circulando en sociología desde hace años, pero sigue sorprendiendo cuando se menciona en voz alta. Se llama LAT, Living Apart Together, y aunque tiene nombre en inglés lleva mucho tiempo ocurriendo en silencio: la pareja que se ve casi a diario pero duerme en su propio apartamento, que celebra juntos el cumpleaños de los hijos pero lleva el sueldo a cuentas separadas, que puede decir «te quiero» y «necesito mi tarde del martes» sin que lo segundo anule lo primero.

Por qué cada vez más gente lo elige

En los años noventa, el LAT era casi siempre una circunstancia, no una elección. Hoy ha cambiado. El aumento del trabajo autónomo, los alquileres que ya no se comparten por economía sino solo cuando se quiere, y una generación que creció viendo divorcios de cerca han empujado a muchos a plantearse si la convivencia es un requisito del amor o solo una costumbre.

Los argumentos que dan quienes lo viven son parecidos entre sí. Primero, el espacio propio: tener una habitación que sea tuya sin negociar el orden del armario. Segundo, la calidad del tiempo compartido: cuando los encuentros se eligen en vez de suceder por inercia doméstica, se presta más atención. Tercero, y quizá el más difícil de admitir: muchas personas habían comprobado que la convivencia acababa con relaciones que fuera de casa funcionaban bien.

No es un modelo para quien quiera echar raíces ni para quien priorice la economía doméstica compartida. Tampoco encaja si hay hijos pequeños que necesitan un hogar estable y predecible. Pero para parejas asentadas en sus vidas individuales, maduras o en segundas relaciones, puede ser la forma más honesta de comprometerse sin mentirse sobre lo que cada uno necesita.

Lo que hay que trabajar si se elige este camino

El LAT no es la solución mágica al desgaste de pareja que algunos lo venden como. Tiene sus propias fricciones. La más común: la sensación, en alguno de los dos, de que vivir separados es «no querer del todo». Esa lectura viene de fuera —familia, amigos, compañeros de trabajo— y hay que aprender a no internalizarla si no se comparte.

También requiere más comunicación explícita. En la convivencia, muchas cosas se regulan solas por la rutina. Aquí hay que hablar de cuántas noches a la semana, de qué pasa en vacaciones largas, de si las llaves del piso del otro son bienvenidas o necesitan aviso previo. Conversaciones que la convivencia aplaza indefinidamente y el LAT obliga a tener antes.

Si te interesa explorar este tipo de relación y conocer a personas con perspectivas similares, el canal de amor y pareja del chat tiene conversaciones de ese estilo con frecuencia. Y para entender qué hace que una pareja funcione más allá del modelo que elija, merece la pena leer sobre comunicación y consentimiento desde el principio.

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