BDSM
Qué es el BDSM: significado de las siglas y cómo se practica con cabeza
El BDSM no es lo que enseñan las películas. Detrás de las cuerdas y las palabras de seguridad hay sobre todo negociación, confianza y un montón de…
Las siglas BDSM son en realidad un acrónimo solapado de tres parejas de conceptos, lo que ya da una pista de que no hablamos de una sola cosa sino de un abanico amplio:
- B/D: Bondage y Disciplina. Inmovilizar, atar, marcar normas.
- D/s: Dominación y sumisión. El juego de ceder o tomar el control.
- S/M: Sadismo y Masoquismo. Dar y recibir sensaciones intensas, incluido el dolor cuando hay disfrute.
Dentro de ese paraguas cabe casi todo: desde una persona a la que le gusta que le aten las manos con un pañuelo hasta sesiones elaboradas con material específico. La intensidad la deciden quienes participan, no una idea preconcebida de lo que «tiene que ser».
Lo que de verdad sostiene una escena
Hay una frase que circula mucho en los ambientes BDSM: la escena empieza mucho antes de la escena. Se refiere a la negociación previa, ese rato en el que dos adultos se sientan a hablar de qué les apetece, qué no piensan hacer bajo ningún concepto y cómo van a parar si algo se tuerce. Suena poco erótico, y precisamente por eso se nota tanto cuando alguien se lo salta.
Para ordenar esa parte se usan dos marcos. El más conocido es el SSC (Sano, Seguro y Consensuado). Otra parte de la comunidad prefiere el RACK (Riesgo Asumido y Consensuado), que parte de una idea más honesta: ninguna práctica es totalmente segura, así que mejor hablar de riesgos conocidos y aceptados que de una seguridad que no existe.
La palabra de seguridad
Es la herramienta más sencilla y la más malentendida. Una palabra de seguridad es un término pactado, ajeno al juego, que al pronunciarse detiene todo de inmediato. Mucha gente usa el sistema del semáforo: verde para seguir, amarillo para bajar la intensidad y rojo para parar. La razón de elegir una palabra rara es práctica: en plena escena, un «no» o un «para» pueden formar parte del propio juego, mientras que «semáforo» o «mandarina» no dejan lugar a dudas.
Roles, sin jerarquías de valor
Quien dirige adopta un rol dominante; quien cede el control, uno sumiso. Hay quien alterna ambos según el día o la pareja: es lo que se llama ser switch. Un error común es imaginar al dominante como la figura «fuerte» y al sumiso como la «débil». En la práctica suele ser al revés de lo que parece, porque la persona sumisa es quien marca los límites y conserva el botón de parada.
Preguntas frecuentes
¿El dolor es obligatorio en el BDSM?
En absoluto. Hay relaciones de dominación y sumisión donde no hay nada de dolor; la dinámica gira alrededor del control, la confianza o la entrega. El dolor es una opción más, no un requisito.
¿Qué es el aftercare y por qué se le da tanta importancia?
Es el cuidado posterior a la escena: abrazos, agua, una manta, hablar de cómo se ha vivido. Tras una experiencia intensa el cuerpo y las emociones bajan de golpe, y ese rato de calma evita lo que algunos llaman el «bajón» posterior. Saltárselo es uno de los descuidos más frecuentes entre quienes empiezan.
¿Es peligroso?
Cualquier práctica tiene riesgos, y por eso importa formarse antes de probar nada que implique ataduras, presión o impacto. Empezar despacio, con material adecuado y con alguien de confianza es la diferencia entre una afición segura y un susto evitable.
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