Sexualidad

Libido y deseo sexual: por qué sube, por qué baja y qué dice la ciencia

La libido no es constante ni debería serlo. Fluctúa con el estrés, la edad, los medicamentos y el contexto emocional. Entender por qué varía es el primer paso para no alarmarse (ni alarmar a la pareja).

Por el equipo editorial de SexoFácil · 24 de junio de 2026

La discrepancia de deseo entre miembros de una pareja es, según la Sociedad Española de Contracepción y numerosos clínicos en sexología, la consulta más frecuente en consulta. No se trata de que uno quiera demasiado ni de que el otro quiera demasiado poco: se trata de que el deseo sexual no es fijo, no es simétrico y no tiene por qué serlo.

Qué regula el deseo

El deseo depende de una combinación de factores biológicos y contextuales. La testosterona —presente en ambos sexos, aunque en cantidades distintas— es la hormona más directamente vinculada a la libido. Pero el estrés crónico eleva el cortisol, que suprime la testosterona. La falta de sueño reduce el deseo de forma medible. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), los anticonceptivos hormonales combinados y los betabloqueantes figuran entre los fármacos con mayor incidencia sobre el deseo; es una causa frecuente e infradiagnosticada.

Cuándo preocuparse y cuándo no

El trastorno del deseo sexual hipoactivo (HSDD, por sus siglas en inglés) se define como la ausencia persistente de pensamientos o fantasías sexuales y del deseo de actividad sexual, que causa malestar significativo. La clave es esa última parte: solo es un trastorno si genera sufrimiento. Una bajada situacional —durante un duelo, un cambio laboral intenso, un embarazo— es una respuesta normal del organismo, no una patología.

Pareja con distintos niveles de deseo

La investigadora Emily Nagoski distingue entre deseo espontáneo —que surge sin estimulación previa— y deseo responsivo —que aparece en respuesta al contacto y el contexto. Muchas personas tienen predominantemente deseo responsivo y se preguntan qué les ocurre. La respuesta es: nada. El problema surge cuando solo se reconoce como válido el deseo espontáneo. La comunicación sin presión, explorar qué contextos activan el deseo responsivo y no interpretar la diferencia como rechazo personal son los pasos más útiles.

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